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  • TEATRO EN CASA

Esto no es Teatro.

Actualizado: ago 28

Por Rogelio Nieto.


¿Un teatro sin mascaras que no dure toda la tarde?

Impensable para los griegos.


¿Qué la escena no sea una fotografía de la realidad y en cambio se usen tres cajas y una rueda de bicicleta para simular el palacio de los Zares?

Qué los perdonen otros, los rusos no.


¿Qué diría el público de los teatros isabelinos al ver a las primeras mujeres en escena? Seguro renegarían de la “afrenta”: ¡Como es posible que las tablas sagradas sean manchadas con tremendo bofetón a la tradición escénica! ¡Qué les corten la cabeza (y las enaguas de una vez)!


¿Qué opinarían los bávaros al darse cuenta de que la imprescindible “cuarta pared” estaba siendo molida a golpes por aquellas damiselas que sin pudor le cantaban directamente al risueño bigotón de la primera fila?

Seguro gritarían alarmados alguna consigna en la que el señor Trump los acompañaría: “Necesitamos una cuarta pared más alta y los franceses la van a pagar”.


En un arte que ha (sobre)vivido más de 2,500 años, a veces sorprende verse atrapado en un cuarto al que no quieren que se le mueva un solo clavo a la pared, que la silla empolvada que no se ha movido desde que la abuelita ya no está, se mueva; que no ve con buenos ojos lo nuevo.

En un arte que cambia al tiempo que lo hace la humanidad que en él se representa a veces hay que mover los clavos y ayudar a los demás a pasarle el trapo a la silla de la abuelita. Se necesita valor y coraje… y un poco de ayuda de los amigos, porque lo nuevo (como decía Antón Ego en Ratatouille) necesita amigos.


Y queremos que lo que hacemos sea teatro porque lo extrañamos. Extrañamos tanto como ustedes esa sensación en la boca del estómago sabiendo que pasando la boca de la escena están decenas de bocas esperando sonreír, llorar, espantarse, blasfemar y hasta cuchichear al final de la sesión; extrañamos estar entre piernas calentado nuestras piernas que se alistan para saltar y correr y evitar que muera el Rey; extrañamos los gritos, las lágrimas, las canciones, los bailes; extrañamos el rímel corrido, el compañero grosero siendo corrido de la compañía, el chisme que corrió entre bastidores; extrañamos los besos, los abrazos y sentir la pasión del compañero en forma de un dialogo ensalivado que las luces desnudan y los espectadores de la primera fila pueden sentir como propio; extrañamos el vibrar de las tablas y a los cuerpos presentes vibrando al unísono. Extrañamos. Estar. Ahí.


Puede que esto no sea teatro y no somos nosotros quienes debemos bautizarlo. Lo que sí puedo decir es que esto es trabajo, es alma, es aventura, es novedad, son ensayos, es lo desconocido; es apostar por el caballo joven en su primera carrera, es aceptar que no podemos hacer algo que amamos como siempre lo hemos hecho, pero queremos revivirlo; es la travesía que recorremos juntos y a través de una pantalla es escuchar, es emocionarse con la primera-segunda y tercera llamada, es saber que por primera vez en mucho tiempo a cientos de kilómetros, al mismo tiempo que lloro, está mi mamá soltando esa lagrima que en vivo no ha podido soltar; es creer, es fe, es compañía; es hacer equipo, los nuevos con los viejos, todos abrazando este huequito de esperanza, porque donde se encuentre alguien dispuesto a escuchar una historia, ahí está el teatro.


"Puede que esto no sea teatro, pero cómo se le parece."



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